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48 frentes activos en Quito: Obras que devuelven esperanza y orgullo a la capital
- ciudad, frentes, Obra, permanente, trabajo
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En cada barrio, en cada esquina, hay una historia que cambia. Actualmente el Municipio trabaja con 48 frentes de obra activos que no solo reparan calles o parques, sino que devuelven a la gente la confianza en su ciudad.
En el sur, doña Maritza, vecina de la Llira Ñan, cuenta que después de mucho tiempo es grato ver una vía rehabilitada en la zona donde está ubicado su negocio. “Ya no vivo con miedo a que el carro se dañe en los huecos. Es como si por fin nos hubieran devuelto la dignidad de transitar”, dice con emoción. Esa es la esencia de la transformación: justicia urbana que llega a los barrios que esperaron durante años.
Mientras tanto, en la Reina Victoria y Jerónimo Carrión, comerciantes y vecinos se levantan cada mañana viendo cómo la rehabilitación rescata el alma de La Mariscal. “Cuando reabran la calle, el turismo volverá, y con él nuestros negocios. Es trabajo para todos”, señala Juan, propietario de una cafetería. Cada adoquín, cada capa de asfalto, significa empleo para decenas de proveedores y obreros quiteños, reactivando la economía local.
Los parques también renacen. En Calderón, familias enteras esperan con ansias para reencontrarse en espacios donde antes había descuido y hoy florece la vida. “Mis hijos pronto jugarán en canchas nuevas, limpias y seguras”, comenta Silvia, madre de tres pequeños.
En La Carolina, 33 canchas deportivas se rehabilitan, y miles de jóvenes sueñan ya con volver a entrenar en un escenario digno. Quito avanza con pasos firmes: se construye el intercambiador de la Mariana de Jesús, se soterran cables en seis puntos estratégicos, y se rehabilitan vías en barrios de Conocoto, Amaguaña, Puengasí y El Quinche muchos de ellos que fueron olvidado y ahora son parte de la prioridad de esta administración. Cada obra es una promesa cumplida, un pedazo de futuro que se materializa.
Estas transformaciones nos recuerdan que el progreso no es solo concreto y acero; es la sonrisa de un niño en un parque, la seguridad de una madre al cruzar una calle, el alivio de un taxista al manejar sin sobresaltos. Es la certeza de que, poco a poco, Quito está renaciendo para su gente.
Hoy el llamado es a cuidar lo que juntos hemos alcanzado, porque estas obras no son de una institución ni de una administración, son el reflejo de un esfuerzo colectivo que pertenece a todos los quiteños.
